martes, 5 de abril de 2011

Carta abierta de un kimche mapuche para el resto del mundo

Por don Manuel Mañkepi Kayul (Sabio anciano mapuche, fallecido recientemente.) 


Cómo poder justificar tanto odio, tantos malos deseos hacia nosotros, tanta muerte, tanto llanto de nuestra gente. No lo sabemos y creemos que no tiene ninguna justificación. Cada día, cada nuevo despertar del sol, pedimos a nuestras fuerzas ancestrales que nos guíen por el mejor camino, para mantener a nuestro pueblo vivo y para que no nos abandonen. 


Cómo podemos hacer entender a ustedes los extranjeros, que nuestra resistencia por tantos años no ha sido por nada más que por sentimiento, por amor a nuestra madre. 


¿Acaso ustedes no conocen eso? ¿No amarán a quien les dio la vida, a quien los cuida, a quien los alimenta?... ¿No la amarán tanto como nosotros? ¿Es que tanto ego, tanta avaricia tanto deseo de poder los enceguece? ¿Cómo es posible que nos quieran despojar de quien nos ha dado la vida? 


Por eso decimos señores, no somos un grupo de aborígenes rebeldes, sólo no queremos que asesinen a nuestra familia, no queremos que maten al mar, a los bosques, a los volcanes, a los ríos, a las estrellas, ya que si los matan, nuestro existir no tendría sentido, seríamos huérfanos sin una familia. Pedimos a nuestros kuifikeche que nos den buenas palabras y buenos pensamientos para que ustedes puedan entendernos. 


Vivimos constantemente con pena en nuestros corazones, ya que ustedes al igual que una máquina no logran darse cuenta de nuestro dolor, de la agonía en que está nuestro planeta. 


¿Será tanta contaminación que ya ha puesto grises vuestros espíritus? ¿Habrán perdido la capacidad de amar? ¿Sus ojos ya no verán lo hermoso de nuestra naturaleza? 


No sabemos ya qué pensar, ¿quién será el culpable de crear una raza exterminadora de hombres y devoradora de su propio habitat? Nosotros apreciamos el mundo de una forma muy distinta por eso nos llamamos Linkopi – Manque – Millaleufu – Pichunman – Nawelkeo – Antileo, porque es lo que somos y de lo que se compone nuestro ser ¿cómo nos seguiríamos llamando de estas formas si ya no existieran los copihues blancos, ni cóndores, ni el sol iluminara nuestra agua? 


Nuestra lucha es más profunda que sólo una simple rebeldía, señores gobernantes del planeta, sí, les decimos gobernantes del planeta ya que eso pretenden ustedes. No son capaces de escuchar su propio corazón, no son capaces de mirar la delicadeza de una flor. 


¿Acaso en sus cuerpos no fluye sangre como en nosotros? Si fuese asíí sentirían lo mismo que nosotros, sentirían cómo la luz del sol cada día nos acompaña, cómo nuestros hermanos pájaros respiran y cantan para recodarnos que seguimos con vida, como los peces danzan junto a las aguas del mar. ¿Cómo no poder darse cuenta nos preguntamos? 


¿Qué será lo que está tras de ustedes? ¿Quién les enviará tanta sed de poder? ¿Quién guiará sus palabras y quién les guiará en sus sueños? ¿Tendrán sueños los humanos dueños del mundo? ¿Les hablarán las estrellas como a nosotros? ¿Conversarán los volcanes y los ríos con ustedes también? Qué hermoso sería si fuese así, si bastara tan sólo con poder enseñarles a mirar las estrellas. 


Saben… nuestros espíritus no son egoístas, comparten a diario con nosotros sus palabras y sus conocimientos, es así como sabemos cuándo poder sembrar, como serán las lluvias. 


Ellos no miran si tenemos dinero o no, si somos rubios o morenos, sólo escuchan a quien desee conversar con ellos. 


Es hermoso sentir que somos parte de este mundo, de esa tierra, de nuestra ñuke mapu. Ser mapuche es un regalo que hemos recibido, es la condición más maravillosa que podamos sentir. Ser mapuche nos provoca alegría todos los días y nos hace latir nuestro corazón con más fuerza. 


Ojalá ustedes pudiesen ser tan felices como nosotros, si sólo por un minuto, sólo por un minuto abrieran sus corazones, sus odios, sus ojos, si pudiesen sentir la energía de cada ser vivo que habita junto a nosotros, se darían cuenta que su mundo o sus potencias del primer mundo, no son más que cosas muertas, que el dinero no tiene ningún valor, que el arco iris no necesita unas monedas para regalarnos sus colores, que el sol no necesita tratados de comercio para entregarnos su calor. 


Si fuesen capaces de sentir por una vez, sólo de sentir, nunca más quisiesen volver a ser quienes eran. 


Ojalá todo habitante de este planeta pudiese ser tan privilegiado como nosotros. Si algún día nuestros pies ya no pisaran sobre estas tierras seguiríamos estando aquí, exterminarían nuestras pieles morenas, nuestro pelo negro y grueso, pero nunca serían capaces de terminar con nuestro espíritu. 


Seguiremos siendo agua, volcanes, ríos, montañas, lunas, estrellas. 


Siempre seguiremos vivos y siempre habitaremos junto con nuestra madre. Pero aún no es así y nuestros pvllu (espíritus) nos guiarán para que eso nunca suceda. 


Nuestros abuelos nos dicen en sueños que eso no pasará, nos dicen “hagan llillipun” (rogativas), “conversen y cuéntenles a los bosques, a los volcanes, lo que pasa en su tierra”. “Conversen con ellos y pidan que ellos estén con ustedes”. 


Es nuestra madre quien se defiende de quien la daña, y de quienes nos violentan y nos asesinan a nosotros; nos demuestra su fuerza causando terremotos, despertando los volcanes o sacando el mar, a ella no la pueden encarcelar, no la pueden llamar terrorista, a ella no la pueden asesinar por la espalda… 


Somos mapuche, somos de la tierra, hemos nacido de ella, no sabemos de donde nació el wingka invasor, pero lamentamos su existencia tan vacía, al no poseer espíritu, no tener madre, por lo tanto no tener una familia, no tener la capacidad de apreciar las cosas hermosas a su alrededor, no tener quién los ame. 


Comprendemos también su violencia, ya que cuando no se tiene amor las personas se vuelven inhumanas y actúan de forma equivocada. 

Asesinando a nuestros hermanos por ejemplo a Alex, a Matías, a Jaime. 


Persiguiendo niños, como en nuestras comunidades del sur, exterminando razas y pueblos enteros como lo han hecho ya casi en todo el mundo, terminando con todo, incluso con ellos mismos… 



Manuel Mañkepi Kayul 

El pueblo Mapuche

El pueblo mapuche (mapu= tierra, che=gente) es uno de los tantos grupos aborígenes americanos, que han conservado más fuertemente sus creencias, costumbres e identidad. Durante toda La Colonia opusieron una prolongada resistencia a la corona hispánica. Este hecho obligó a la administración a reconocerles cierta autonomía, estableciendo fortificaciones a lo largo de la frontera y manteniendo un ejército profesional, caso único en la historia de las colonias.
La Guerra de Arauco, termina recién durante la República con el proceso denominado de «pacificación» de la Araucanía que concluye en 1891. El largo período de la Guerra de Arauco, significó además de un conflicto bélico, un intenso intercambio cultural económico y un proceso de mestizaje. En estos contactos es importante la adopción, por parte de los mapuches, del caballo y las técnicas de la platería.
A partir de la «pacificación» los grupos que habían sido de gran movilidad durante el S.XIX, se asientan, adoptando una economía agraria. Disminuye la antigua actividad ganadera de intercambio con los mapuches de la zona oriental (Argentina) y comienza el establecimiento de las comunidades en reducciones.

El núcleo fundamental de esta sociedad es la familia, que tiene por habitación laruka. El jefe del hogar es el hombre, quién trabaja fuera de la casa en la agricultura y en el cuidado del ganado, especialmente ovino. La mujer se preocupa de las tareas domésticas, el cuidado de los hijos, pero también es la que conserva y crea los contenidos y valores de su cultura, transmitiéndolos a su grupo familiar. Al casarse vivirá en la casa de sus suegros hasta la construcción de la nueva ruka.
La poligamia era una forma de matrimonio en la antigua sociedad mapuche y se consideraba símbolo de riqueza y poder. Hoy esta costumbre ha desaparecido debido a razones económicas y a la influencia del cristianismo.
Una comunidad es la agrupación de varias familias, a las cuales une el parentesco patrilineal y un territorio de propiedad común. Esta proximidad origina vínculos económicos, como la realización de trabajos agrícolas, construcción de casas o diferentes eventos como el juego de la chueca o palin. También se deben destacar las instituciones religiosas y los valores morales como elementos unificadores de la sociedad y que mantienen la cohesión de la cultura.

En épocas pasadas, la base de la autoridad en la familia extensa era el Ionko. La unidad social giraba en torno a este jefe, que era generalmente el miembro de mayor prestigio y riqueza (ulmen). Durante la conquista española, se introducen diversas modificaciones a la organización social, llegando a nombrar la propia corona a los caciques. En el período que se extiende la larga Guerra de Arauco, los indígenas establecen un jefe militar: el toqui, que sólo gobierna durante el conflicto bélico.
Tras la "pacificación de la Araucanía" (fines del siglo XIX), se reservó al cacique o toqui el derecho a repartir las tierras en las reducciones. En la actualidad la división de tierras entre las familias ha contribuido a una desintegración social, política y la consiguiente migración a las ciudades con todo el proceso de transculturación que esto involucra.

Cosmovisión y creencias religiosas.

"En este suelo habitan las estrellas.
En este cielo canta el agua de la imaginación.
Más allá de las nubes que surgen de estas aguas y de estos suelos nos sueñan los antepasados.
Su espíritu dicen es la luna.
El silencio su corazón que late."


Elicura Chihuailaf (Poeta mapuche Contemporáneo)

Es complejo, en breves líneas, resumir la riqueza de la cosmovisión y religiosidad mapuche. Debemos citar a Foerster, quien señala "que posiblemente en Chile sean pocos los grupos o sectores que manifiestan con tanta claridad como los mapuches, que su identidad, su ser (inseparable de las condiciones de vida de la tierra, los animales, la naturaleza) se liga hasta confundirse con lo sagrado".(2)

Los mapuches actuales, han llegado a establecer una nueva dimensión de lo religioso en un sincretismo que inserta tanto la religión católica como los cultos evangélicos protestantes. La machi o shamán, es fundamental en la configuración de mitos y ritos mapuches. Es la mediadora entre el mundo natural y el sobrenatural. Con estos fines utiliza el kultrung, tambor ceremonial en el cual aparece representado simbólicamente el universo en cuatro partes, por medio de una cruz; en los cuadrantes superiores se representan figuraciones del cielo y en los inferiores de la tierra. Esta oposición cielo-tierra, equivaldría a la oposición masculino-femenino o a los ciclos de la naturaleza. El hombre mapuche se ubica en el centro del cosmos, donde convergen los cuatro puntos cardinales. Es la meli witran mapu (la tierra de las cuatro esquinas).

El cosmos mapuche además de esta ordenación cuatripartita, se estructura en un "arriba" y un "abajo". La región del cielo wenu mapu, está ocupada por conjunto de deidades que tiene a la cabeza a Ngnechen, rey o dueño de los hombres. Esta deidad es poseedora de atributos opuestos como masculino-femenino, viejo-joven.

Los astros también constituyen deidades como killen (la luna), weñelfe (el lucero del alba), wanglen (las estrellas); ellas influyen sobre la machi en sus rogativas. En estas se invoca a seres desaparecidos de importancia.

El ordenamiento del universo y de todos los seres, ha otorgado a éste un carácter mítico. Hay dos puntos cardinales relacionados con el bien: el sur y el oriente; el norte y el este, se consideran negativos. Pillan es una deidad propia del oriente, que vive tras las montañas. El oriente no es solo el lugar donde nace el sol, la luna o las estrellas, sino representa el sitio desde donde emanan todos los poderes y las fuerzas capaces de asegurar la vida. Su invocación es lo fundamental en el ascenso hacia el mundo sacro. La ruka debe orientarse hacia ese punto, también la machi orienta el rewe en ese sentido. Los puntos norte y oeste, se identifican en un sentido negativo; el primero por la procedencia de los vientos portadores del mal tiempo. El poniente es el punto en que muere el sol y van a reposar los difuntos.

El inframundo nag mapu (opuesto a wenu mapu), es el lugar del mal y de las fuerzas ocultas. Su color simbólico es el negro (kuri). En este sitio viven los weküfe seres de las tinieblas. Sin embargo, kuri como color simboliza lo fuerte y lo poderoso.

El cristianismo ha generado numerosos cambios en las creencias mapuches, volcándolos hacia el monoteísmo. Hoy se designa al Ser Supremo como Padre Dios (Chau - Dios), creador y dueño de los hombres y del universo. Identificándose a Pillan, más como un demonio que una deidad benéfica.

La dulzura del canto Mapuche - Pichi Malen